"Bajo el sol de la Toscana" (título original "Under the Tuscan Sun") es una película estadounidense dirigida por Audrey Wells, basada en la novela con el mismo nombre de la escritora Frances Meyes. Se estrenó el 26 de septiembre de 2003 en Estados Unidos y el 13 de febrero de 2004 en España.
El largometraje narra la historia de Frances Meyes (Diane Lane), una escritora de 35 años a la que la vida le da un giro de 180 grados al divorciarse de su marido. Por ello cae en una profunda depresión y entra en crisis de inspiración que le impide poder escribir. Patti (Sandra Oh), su mejor amiga, empieza a preocuparse y decide regalarle una estancia de diez días en la Toscana (Italia). Una vez allí, Frances se da cuenta de que necesita rehacer su vida, se encapricha de una villa llamada "Bramasole" (“que anhela el sol”) y decide comprarla. Es por esto que a lo largo de la película aparecen elementos relacionados con el sol (incluído el título) como pueden ser los girasoles y la intensa luz cálida que permanece durante casi toda la película. La casa necesita muchas reformas pero Frances está dispuesta a llevarlas a cabo. A medida que se va acomodando en su nuevo hogar, hará nuevos amigos, descubrirá las costumbres locales, se descubrirá a sí misma y comprobará que el destino le depara aún muchas sorpresas, hasta que al final consigue encontrar de nuevo el amor. Hay una frase que resume toda la trama del libro: "...cuentan que construyeron la vía férrea entre Viena y Venecia sin que existiera un tren que pudiera realizar dicho trayecto. Aún así lo construyeron: sabían que algún día llegaría el tren..." Frances compra la casa sin tener su vida construída, pero lo hizo, porque sabía que algún día lo conseguiría.
El largometraje narra la historia de Frances Meyes (Diane Lane), una escritora de 35 años a la que la vida le da un giro de 180 grados al divorciarse de su marido. Por ello cae en una profunda depresión y entra en crisis de inspiración que le impide poder escribir. Patti (Sandra Oh), su mejor amiga, empieza a preocuparse y decide regalarle una estancia de diez días en la Toscana (Italia). Una vez allí, Frances se da cuenta de que necesita rehacer su vida, se encapricha de una villa llamada "Bramasole" (“que anhela el sol”) y decide comprarla. Es por esto que a lo largo de la película aparecen elementos relacionados con el sol (incluído el título) como pueden ser los girasoles y la intensa luz cálida que permanece durante casi toda la película. La casa necesita muchas reformas pero Frances está dispuesta a llevarlas a cabo. A medida que se va acomodando en su nuevo hogar, hará nuevos amigos, descubrirá las costumbres locales, se descubrirá a sí misma y comprobará que el destino le depara aún muchas sorpresas, hasta que al final consigue encontrar de nuevo el amor. Hay una frase que resume toda la trama del libro: "...cuentan que construyeron la vía férrea entre Viena y Venecia sin que existiera un tren que pudiera realizar dicho trayecto. Aún así lo construyeron: sabían que algún día llegaría el tren..." Frances compra la casa sin tener su vida construída, pero lo hizo, porque sabía que algún día lo conseguiría.
Otro elemento representativo es el grifo, que simboliza la vida de la protagonista: al principio aparece seco, sin agua, "parado", para que al final de la película el agua vuelva a fluir por él como la normalidad en la vida de Frances.
Es en Cortona donde se desarrolla la mayor parte de la película y es allí donde la protagonista reconstruye su vida y su casa – Bramasole – a la misma velocidad.
Otro de los lugares que aparece en “Bajo el Sol de la Toscana” es Montepulciano que con su preciosa piazza era el lugar ideal en el que enmarcar el Festival del lanzamiento de banderas que aparece en el film.Roma y Positano son los otros lugares en los que desarrolla la historia, si bien el merecido protagonismo es para las tierras Toscanas que con su luz, su belleza y esa paz que irradian sus paisajes configuran el mejor escenario para la historia de amor que narra la película.
Aparecen numerosos elementos que nos sitúan en tierras italianas, como son las uvas y el vino, las setas, el limoncello,... A lo que también contribuye la banda sonora, una obra maestra creada por Cristophe Beck, incorporando sones típicamente italianos con instrumentos como el acordeón o el violín. Tenemos que destacar el tema "Humming Chorus", compuesto por el famoso Giaccomo Puccini.
Otros temas que aparecen son el de la Fe, cuando Frances encuentra la virgen en el cabecera de la cama y se plantea su existencia, o la sinceridad, puesto que su exmarido finalmente le confesó que nunca la había querido.
En cuanto a los aspectos técnicos, se establecen de forma que destaquen todas las características del paisaje toscano, buscando siempre luz y colores cálidos, primeros planos del girasol, tomas generales de los paisajes, las viñas italianas,...
Como curiosidad podemos comentar que Sandra Oh y Kate Wash, que en la película interpretan a una pareja, volvieron a coincidir tiempo después en los pasillos de un hospital, como residente e interna de cirugía, en la serie Anatomía de Grey. O las referencias a "La dolce vita" (escena de la Fontana di Trevi) y a "Los ángeles de Charlie" (escena del diálogo entre Frances y Marcello).
Bajo el sol de la Toscana es mucho más de lo bello que muestra. Pero para apreciarlo hay que verla sin prejuicios típicos ante historias románticas y dulces, y si, también acarameladas. Hay que verla sin tratar de exigirle un tope de originalidad que obviamente no persigue. Hay que verla, sabiendo que sus responsables nunca trataron de hacer una película perfecta. Y cuando uno consigue despojarse de esos prejuicios es cuando consigue ver, que además de la Toscana o la maravillosa costa Amalfitana, hay mucho más por lo que maravillarse en este film.
Porque la película es ante todo un precioso relato de muchas formas de amor. Con sus claras imágenes y sus sinceras palabras, consigue mostrarnos un lienzo en el que el amor se plasma en todas sus formas: está el amor de una madre por su hija, y el mundo que ellas se crean (retratado en la secuencia de Sandra Oh bailando con su bebé). Está el amor inocente y puro, que puede cruzar todas las dificultades (los dos jóvenes). Está el amor cordial entre personas dejadas de su tierra por algo completamente distinto (Diane Lane y sus tres trabajadores). Vemos también lo que es el amor por un tiempo anterior, unos sueños inalcanzables y lo que el cine representa (los homenajes al cine italiano). Está el amor que ya no volverá, y que sin embargo perdurará por siempre (el abuelo de las flores). Y desde luego está el amor que uno mismo tiene que encontrar, y que no necesariamente lo hará en otras personas, lugares u objetos, sino que lo hallará al enfrentarse al dolor y encontrar su propio camino. Por eso Bajo el sol de la Toscana se aparta de la aparente novela rosa que es, para tirar por este sendero que representa el personaje de Diane Lane, un personaje humano y nunca excesivo, gracias a la superlativa labor de la magnífica actriz, que consigue hacer de ella alguien sencillo y elegante, que transmite con su aparentemente fácil personaje todo el recorrido vital de este, ya que si el filme trata de comunicar algo es esa aventura interior del personaje de Francesca, como en un momento en que su vida seguía como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, ella se encara a su destino y decide conocer y construir la relación esencial de su vida: la que tiene consigo misma.
Porque la película es ante todo un precioso relato de muchas formas de amor. Con sus claras imágenes y sus sinceras palabras, consigue mostrarnos un lienzo en el que el amor se plasma en todas sus formas: está el amor de una madre por su hija, y el mundo que ellas se crean (retratado en la secuencia de Sandra Oh bailando con su bebé). Está el amor inocente y puro, que puede cruzar todas las dificultades (los dos jóvenes). Está el amor cordial entre personas dejadas de su tierra por algo completamente distinto (Diane Lane y sus tres trabajadores). Vemos también lo que es el amor por un tiempo anterior, unos sueños inalcanzables y lo que el cine representa (los homenajes al cine italiano). Está el amor que ya no volverá, y que sin embargo perdurará por siempre (el abuelo de las flores). Y desde luego está el amor que uno mismo tiene que encontrar, y que no necesariamente lo hará en otras personas, lugares u objetos, sino que lo hallará al enfrentarse al dolor y encontrar su propio camino. Por eso Bajo el sol de la Toscana se aparta de la aparente novela rosa que es, para tirar por este sendero que representa el personaje de Diane Lane, un personaje humano y nunca excesivo, gracias a la superlativa labor de la magnífica actriz, que consigue hacer de ella alguien sencillo y elegante, que transmite con su aparentemente fácil personaje todo el recorrido vital de este, ya que si el filme trata de comunicar algo es esa aventura interior del personaje de Francesca, como en un momento en que su vida seguía como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, ella se encara a su destino y decide conocer y construir la relación esencial de su vida: la que tiene consigo misma.
Una película profunda y profundamente bella.
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